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El Notario - Cerrar Movil
Por: MARÍA LUZ MANGADO ALONSO
Dra. en Egiptología y en Historia Contemporánea
Facultad de Teología de Vitoria-Universidad Europea de Roma
Investigadora del IEBA-Casa de Santiago de Jerusalén


Escribe con tus manos, recita con tu boca, déjate aconsejar por los que saben más… Persevera en el trabajo cotidiano. No te des nunca a la pereza o serás azotado… Persevera en tomar consejo. ¡No seas perezoso, escribe!

Papiro de Anastasi sobre los escribas

El Derecho notarial sin duda tiene sus raíces en el Antiguo Egipto. Las transacciones notariales conocidas que se realizaban en Egipto eran las siguientes: contratos de ventas de tierras y propiedades, permutas, acuerdos de arrendamiento y contratos de alquiler, transferencias de propiedades y herencias, préstamos y contratos de deuda, testamentos y disposiciones de herencia, acuerdos comerciales y contratos de trabajo, actos matrimoniales, transacciones comerciales y tributos o acuerdos de comerciales, todo ello en diversos estamentos sociales.

Los escribas eran los custodios de los documentos y de la escritura. Se encargaban de redactar los textos, contabilizar los almacenes, registrar los bienes y escribir informes de todo tipo, utilizando varios tipos de escritura según el periodo histórico (jeroglífico, hierático, demótico, incluso griego). Los documentos redactados generalmente en papiro se custodiaban en archivos habilitados en los templos o en los edificios gubernamentales destinados a tal menester: en algunos se pueden observar las oquedades en las que se guardaban los rollos. El sacerdote, que en el Antiguo Egipto era un oficio (no una devoción), ejercía en cierta forma como notario. Cuando en los documentos se introducía el sello, pasaban de ser privados a públicos.
Las leyes, promulgadas por el faraón y su corte, quedaban escritas en papiros o estelas en lugares públicos y abarcaban todos los ámbitos de la sociedad. Existían documentos privados en los que una persona contraía la obligación de “hacer” la transmisión de la propiedad de un bien, ante tres testigos y un escriba. En el mundo egipcio podíamos considerar como notario al “guardián del sello”, conocido en época helenística y romana como “agoránomo”. En la sociedad faraónica, los escribas eran los encargados de la redacción del documento. Para que este tuviera legitimidad, debía intervenir un funcionario que autentificara lo redactado por medio de un sello que imprimía.

“La figura del notario o ‘supervisor del sello’ en la Administración egipcia gozaba, como en nuestra sociedad, de un gran prestigio y confianza”

La forma de llegar a ser notario en el Antiguo Egipto iba unida a la formación como escribano-administrativo, así como una instrucción en el buen conocimiento del “arte notarial” del momento. Subrayo el término “arte”, porque todo funcionario faraónico conocía los principios del arte y de la escritura, los cuales iban íntimamente unidos. Los funcionarios poseían preparación, reputación y confianza, incluso algunos de ellos ocuparan altos cargos en el Estado. El arte del conocimiento y de la escritura era una excelencia en las “Escuelas de la Vida”.

La escritura
La lengua egipcia procede del tronco camitosemita. Se caracteriza por el consonantismo. Al igual que otras lenguas, el primer paso de la escritura egipcia fue representar gráficamente el mundo que les rodeaba: se inicia con los ideogramas, es decir, dibujos que expresan ideas concretas, por ejemplo, una boca, un sol, una flor, etc. Estas imágenes se pronunciaban de una determinada forma en la lengua hablada. El lenguaje evoluciona y cambia de expresar ideogramas a fonogramas, es decir, los signos dibujados pasan a representar sonidos. Los escribas codificaron en varios grupos los signos jeroglíficos: unilíteros (equivalen a un solo sonido); bilíteros (dos sonidos) y trilíteros (tres sonidos); además están los determinativos (carecían de sonido y servían para la mejor comprensión y significado de la palabra).
Los escribas formaron el sector social que sabía leer y escribir. La escritura egipcia apareció hacia el año 3200 a. C. La escritura jeroglífica egipcia se mantuvo durante 3500 años hasta el siglo IV de nuestra era.

El origen mitológico de la escritura
El dios Thot, que en su origen era una divinidad lunar, se convirtió en la deidad de la escritura, de las bibliotecas, de la lengua y señor de las “palabras divinas”. Thot era quien, en la estructurada jerarquía celestial del Antiguo Egipto, tenía a cargo la misión de registrar las palabras divinas, pronunciadas por los dioses de la Enéada de Heliópolis. Para realizar su cometido de escriba, Thot inventó el arte de la escritura, y con él no sólo afianzó los dictámenes divinos, sino que contabilizó hechos y sucesos, e incluso dejó grabado un libro con “la sabiduría universal”, libro que la humanidad aún no se ha encontrado. Cuando la civilización llegó a los seres humanos, Thot les entregó el arte de la escritura para ordenar y fijar sus propios acontecimientos. La esencia del dios se guardaba en dos animales, el ibis y el babuino, ambos se momificaban en su recuerdo. Su hija, la diosa Sheshat, la escriba, se convertiría para los egipcios en la creadora de las formas de escritura y archivos o de las “casas de los libros”.

Sabiduría y literatura
La sabiduría del Antiguo Egipto diferenció entre aquello que tenía una utilidad técnica, como los conocimientos científicos, que abarcaban desde la medicina hasta la astronomía, pasando por la geometría y aquellos relativos a la condición humana y a su transcendencia, como la ética, la religión o la historia, incluso el Derecho. Para la enseñanza de estas disciplinas fue utilizada la transmisión oral, así como la enseñanza recogida en los escritos sobre papiros, tablillas u ostraka. La literatura comprende esa sabiduría humana y existencial. La literatura conservada del Imperio Medio (2055-1650 a. C.) convierte a la literatura de este periodo como clásica y culta hasta la Baja Época (664-332 a. C.).

Los autores imaginan y escriben
En los primeros tiempos de la civilización egipcia todo tipo de información literaria era transmitida oralmente. Los sucesos relevantes de la sociedad, los rituales sagrados de los templos o los cuentos y paradojas de la vida cotidiana se comunicaban de palabra, bien en los acontecimientos solemnes, bien entre las conversaciones triviales o en reuniones distendidas al anochecer. Pero ya desde el Imperio Antiguo (2500- 2181 a. C.) una élite de aquella sociedad tomó conciencia de ponerla por escrito.
Los autores de obras literarias egipcias procedían de la clase culta de funcionarios y escribas. Sus lectores, dado que la mayor parte del pueblo no sabía leer ni escribir, eran los propios escribas y funcionarios. Los autores como Ptahhotep y Amenemope, a los que se les atribuye obras literarias clásicas, fueron valorados durante de toda la civilización egipcia. Servían, además, para el aprendizaje de la lectura y la escritura, pues los alumnos copiaban reiteradamente.

Escuela y formación
La principal fuente de formación en el Antiguo Egipto es la ya variada producción literaria de tipo científico-religioso, sapiencial, didáctico y moralizante. De este depósito del saber se desprenden los valores que imperan en la sociedad egipcia. Un buen alumno ha de ser dócil, saber escuchar y dominar las pasiones. Entre las virtudes a fomentar encontramos la modestia, circunspección, honestidad y fiabilidad.
Sobre la formación una gran parte del tiempo escolar se dedicaba al aprendizaje de la escritura en sus tres vertientes: jeroglífica, hierática y demótica. Es de suponer, que debido a la dificultad que entraña el aprendizaje de estos tipos de escritura, su instrucción poseía un gran peso específico. Hay que sumar el cálculo entre las áreas de estudio. Las matemáticas parecen ser aplicadas y ligadas a realidades concretas, especialmente a la agrimensura y arquitectura.

“Poner la impronta de un sello suponía, después de verificar el contenido de un documento, una tumba, un almacén o un producto, colocar la impronta del tampón para no poder ser abierto más que por la persona autorizada”

El lugar de aprendizaje se denominaba “Per-Anj”, esto es, “Casa de la Vida”. Estas escuelas dependían de los templos. Los niños ingresaban a la edad de 5 o 6 años y aprendían a escribir, gramática y literatura antigua. Los profesores eran sacerdotes y el contenido de los textos eran especialmente las “Enseñanzas”, que los alumnos copiaban y aprendían, lo que indicaba que estas escuelas eran al mismo tiempo centros de magisterio de los valores imperantes en la sociedad egipcia. Está demostrado que el castigo corporal era uno de los incentivos que utilizaban para conseguir un mejor aprendizaje, especialmente el bastón en la espalda.
Cuando los alumnos letrados concluían la preparación básica, en torno a la edad de 15 o 16 años, eran entonces aptos para trabajar, la mayoría de ellos en la Administración. Hay que tener en cuenta que la escala de funcionarios egipcios era enorme. Aquellos más cualificados podían seguir estudios superiores para completar su formación lingüística y literaria, o bien los maestros de las artes podían perfeccionar sus conocimientos en la arquitectura, escultura o pintura. Los estudiosos más competentes llegarían a ser los que los griegos llamaron hierogrammatas, verdaderos ilustrados de la Antigüedad, los cuales dominaban todas las áreas del saber. Los preciados papiros de las “Casas de la Vida” se guardaban en las bibliotecas. La biblioteca más conocida es la de Alejandría.

El documento egipcio
El documento jurídico egipcio posee una gran relevancia en todas las épocas. Con frecuencia es habitual a la hora de hacer valer un derecho presentar el documento escrito, acreditativo como medio idóneo de prueba. El documento escrito es un bien precioso cuya transmisión y herencia el Derecho cuida de regular. Una máxima de la sabiduría egipcia, conservada en un papiro del Museo del Louvre, reza: “No desprecies tus documentos en papiro incluso cuando para tener fuerza sean muy antiguos”.
Aunque la contratación mobiliaria (frutos, bienes de consumo corriente, etc.) funcionaría mediante trueque, la inmobiliaria y la de los bienes de producción estaría generalmente reguladas por documentos. Los documentos egipcios son, en sustancia, la transcripción por escrito del acuerdo verbal y público de los contrayentes.
El nombre egipcio que traducimos por escriba “sš”, literalmente quiere decir “el que escribe”. Los altos dignatarios a menudo se representan como un escribano con su cálamo y tablilla. La profesión de escriba era muy estimada en la sociedad, como podemos leer en la “Sátira de los Oficios”.
Es común encontrar en documentos la expresión “irw in sš…” (otorgado por el escriba…). Todos los órganos de la Administración disponen de escribas que oficializan los documentos: así, los gobernadores disponen de escribas del nomo o provincia, o bien escribas de campos; la cancillería real dispone de los escribas de visir; los órganos judiciales. También las comunidades de obreros, ganaderos y artesanos tenían sus propios escribas contables. Todos ellos son probablemente los que aparecen en los documentos de venta.

“Esta función se realiza sin intervención de ninguna instancia externa al propio escriba ‘supervisor del sello’, otorgando autenticidad y carácter público al documento”

La estructura de un documento egipcio a nivel general y más completo es la siguiente:
1. La fecha de redacción que suele hacer referencia al año del reinado del faraón.
2. El texto que contiene la declaración de los intervinientes y los términos del contrato.
3. Las formalidades relativas a la autorización, intervención testifical, sellos y autentificación, archivo o registro.
Los escribas
Ser escriba era uno de los oficios más respetados del Antiguo Egipto. Solamente el 2% de la población sabía escribir y leer. Los escribas o funcionarios estaban muy jerarquizados en sus funciones: los de más alto rango estaban al servicio de faraón, visir, o en la alta administración de los templos y del Estado. Sus objetivos eran variados: controlar anualmente la inundación del Nilo para comprobar las tierras cultivables, el rendimiento de las cosechas, la delimitación de los campos y propiedades, el control del ganado, los productos artesanales, el almacenamiento de las cosechas, todo ello destinado principalmente para la recaudación de los impuestos estatales. Los escribas inventariaban el estocaje de almacenes como grano, vino, aceite, rebaños, la pesca y caza de reses, así como todo tipo de producto alimenticio y artesanal custodiado en despensas, que en parte era destinado al comercio.

El supervisor del sello
Entre los escribas existía el cargo de “imy-r ḫtm” “supervisor del sello”, que equivale a figura del notario y ejercía como funcionario escriba con las mismas competencias. El pueblo egipcio dio una gran importancia al sellado de documentos, puertas, vasijas, tumbas… El sello implicaba la existencia de un funcionario investido de autoridad que lo estampaba y la del oficio de otro u otros funcionarios, que controlaban la integridad de los sellos. El sello puesto en el documento era prueba de su autenticidad y de la intervención del Estado. Los egipcios utilizaban el sello para probar la autenticidad de una cosa concreta o de un objeto abstracto (un decreto real, documento…), para indicar la pertenencia de un objeto a cierto individuo o el título de disfrute de ese individuo sobre cierta cosa y para garantizar que un recipiente contenía tal o cual producto o provenía de tal o cual dominio.
Existe una lista extensísima de objetos susceptibles de la aposición del sello: puertas (especialmente las de las tumbas y edificios públicos para “defender” su inviolabilidad), vasijas de todo tipo y recipientes, ganado, elementos de arquitectura como ladrillos, documentos, rollos de papiro…; en muchos de ellos se efectuaba el cierre mediante un cordaje con una impresión sobre arcilla que recubría el nudo.
La impresión de un sello en un escrito garantiza la autenticidad de la declaración de su autor. Con la aposición del sello personal, o el de la función o cargo de autorizante, se persigue la legalización del documento: los reyes autorizaban con su sello los decretos reales, los visires los documentos que recibían en la cancillería, los escribas los documentos en los que intervenían.

“La imposición del sello al documento puede ser contemplada como algo similar a la ‘autorización’ en el Derecho notarial moderno”

El secreto de la documentación se lograba mediante el cerrado de documento, envolviendo este y adhiriendo el correspondiente sello, que podía ser roto por el destinatario. Si se conservaba cerrado en un archivo, la integridad del sello era prueba de que su contenido no había sido alterado. Sellar un documento significaba legalizar o autorizar, así como celebrar un contrato.
La intervención notarial es una constante del documento egipcio. El notario recibe como testigo cualificado la declaración de las partes y redacta el documento que autoriza con su firma. Además, contribuye a la formulación y conservación del Derecho común: ha sido frecuentemente observado que el notariado egipcio fue el depositario de la tradición jurídica, especialmente en las épocas en que Egipto sufrió invasiones de pueblos extranjeros.

Un ejemplo: el sellado en el caso de la producción del vino
Uno de los productos más valorados en la cultura faraónica en toda su historia es la producción del vino. La mejor producción vitivinícola era de prerrogativa real. En las bodegas, cuando se procedía a llenar las tinajas de vino, para evitar la exudación, se cerraban con un tejido, piel o tapón de corcho o arcilla. En el momento en que se aprovisionaban a las tinajas de una tapa, se iniciaba una segunda fermentación del vino, que podía durar seis días. Finalizada la segunda fermentación, las tinajas se sellaban herméticamente con un capuchón o cono de tierra cocida, que llegaba hasta el cuello de estas. En la etiqueta se escribía la procedencia y el nombre del vino, acompañada de notas indicativas de los años y de la recolección. La mayor parte de las inscripciones proceden de viñedos del Delta del Nilo.
En el momento denominado “ḫtm irp” o “sellar el vino”, el vinatero escribía la etiqueta con las cualidades del vino, su procedencia, etc. Finalmente, era convenientemente registrada y autentificada, por el “supervisor del sello” o notario, que se encargaba de su certificación, así como del control de las tinajas del almacén.

Observaciones finales
Frecuentemente, los estudios de Derecho se inician en el mundo grecorromano, con ciertas consideraciones al Derecho egipcio. Cuantos más papiros se analizan y el estudio jurídico faraónico se conoce en mayor profundidad, sabemos más sobre la Administración de la Antigüedad. El Derecho egipcio no debemos verlo con los mismos parámetros actuales, porque son sociedades diferentes, aunque sobresale el extraordinario desarrollo de sus instituciones desde épocas tempranas y el valor incuestionable del escriba.

“En la corte faraónica desde el Imperio Medio existe el cargo de ‘supervisor de los portadores del sello’, que atestigua un alto rango tanto en la Administración estatal como provincial”

La figura del notario o “supervisor del sello” en la Administración egipcia gozaba, como en nuestra sociedad, de un gran prestigio y confianza. Poner la impronta de un sello, generalmente real o de un monarca, suponía, después de verificar el contenido de un documento, una tumba, un almacén, un producto…, colocar la impronta del tampón, para no poder ser abierto más que por la persona autorizada. Estaba presente en todos los ámbitos de la vida social y económica egipcia. Uno de los más destacados es la producción vitivinícola faraónica, sellando las ánforas.
Esta función se realiza sin intervención de ninguna instancia externa al propio escriba “supervisor del sello”, otorgando autenticidad y carácter público al documento. La imposición del sello al documento puede ser contemplada como algo similar a la “autorización” en el Derecho notarial moderno.
En la corte faraónica desde el Imperio Medio existe el cargo de “supervisor de los portadores del sello”, que atestigua un alto rango tanto en la Administración estatal como provincial.

MANGADO MARIA LUISA ILUSTRACION



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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- W. WARD: Index of Egyptian Administative and Religious Titles of the Middle Kingdom, Beirut, 1982.

(*) Mi agradecimiento al notario de Madrid, Don Pedro-José Bartolomé Fuentes, por la precisión a los aspectos jurídicos y notariales de este artículo. Deseo expresar mi gratitud también al Colegio Notarial de Madrid, por las facilidades concedidas en la consulta bibliográfica de textos y libros para el desarrollo de este artículo, algunos de especial relevancia como los trabajos de D. A. D’Ors, D. J. L. Merino y a D. L. Fernández del Pozo, vinculados a los estudios jurídicos egipcios y de papirología, que quedan referenciados en la bibliografía final. Tuve la fortuna de llegar a conocer a alguno de estos grandes sabios en mi tiempo de estudiante. Se ha optado por la ausencia de notas para agilizar la lectura del texto.

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